El río
El río anunció despedida, y lo hizo por todo lo alto, arrastrando tras de sí los pastos con el ganado que pacía, el pastor con su gayata, y el mastín, que al patear sin descanso salió a la orilla, siendo el único testigo de aquel estropicio. Ni pastor, ni ganado, ni pasto. Sólo él. Añorado, gimió y se recostó sobre el barro. Suerte que fue despedida. En lo más alto, las compuertas lo aniquilaron. Ya no sería río. Eso suponían. Las grandes tormentas volverían. Sus meandros recuperarían a trazos lo que en un pasado fue remanso.