Gótico

 De todos los silencios, el suyo me llegó a mí. Me atravesó. Sentí un dolor físico que me descompuso y quedé petrificado. 

Estaba en el templo, de rodillas, rezando ante el altar; pero le vi en otra dimensión. Fue algo tan volátil, que cuando quise mirar desapareció.

La tenue luz caía sobre el primer escaño de madera.

Un escalofrío me advirtió y salí precipitado sin pensar.

Sentí el peligro.

Ya en la calle, antes de girar para otra, miré al cielo y allí un nubarrón se cernía sobre el edificio tragándolo con lo que creí eran unas fauces.

Te lo cuento, después de haberlo querido olvidar, porque tengo una esquirla en el pecho que debo sanar. Necesito compartir mi carga. Este hábito de monje y la cruz de madera nada consiguen aplacar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Falsas promesas

Un final (un camino un sueño)

Obsesión