2 jul. 2012

Superviviente

El tenor empezó su aria. El público contuvo la respiración.
El misterio estaba servido.
Todo acabó en ovaciones y aplausos que parecían no tener fin.
-¡Bravo!
Decía petrificado en su asiento.
Había sentido como le penetraba el rayo helado en su espalda.
Lo había soñado un par de noches atrás.
La puesta en escena era la réplica de la de su sueño.
De pronto cayó el techo sobre todos ellos.
Gimió mientras se le iba la vida. Una viga le partía el esquinazo.
No hubo remedio.

El único superviviente recordaría en su silencio y quietud que había sido advertido por una pesadilla que desoyó.

Ahora recordaba con nitidez los avisos que no había tenido en cuenta.
Viviría pare mortificarse. No podría comunicarse.
Si hubiera sido posible, habría pedido que le trataran igual que a los animales domésticos, que con una inyección hacían el tránsito.
Le molestaba la fría luz de la estancia en que se encontraba, pero ni eso, ni otros inconvenientes serían atendidos ni entendidos.
Viviría recordando el do de pecho en el instante en que estalló el rosetón de cristales multicolores.


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