Relato del 23 de junio del 2026
Fue la Luna que se ocultó esa noche en que ocurrió. Los cantos de los gallos matutinos despertaron a la población. Era agosto de siega. En la noche se trabajó bajo los faros de la maquinaria y soportando su calor. En esa madrugada los labradores volvían. Otros hacían café de puchero. El panadero y ellos tenían sueño. Se irían a dormir lo perdido en la sofoquina de esa noche sin luna. —Juana, despierta que hay que repartir pan y bollos por la comarca. —Ya voy papá —respondía, mientras se asomaba tras la ventana para verse con su galán. Lorenzo, el buen mozo, volvía descamisado, secándose el sudor con el brazo, mirando a ese cristal que la tenía detrás. Chispeaban sus ojos. Los corazones querían volar. Nada más. Detrás de los visillos aquellas mujeres calculaban y tejían tramas sobre su moral. Las fiestas del pueblo, patrón y santo de su mozo, les permitiría el abrazo distanciado al bailar. Esa tarde, prepararía las tortas de cazuela que tanto éxito tendrían, en su pueblo y en los de l...