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Las niñas

He parado un rato ante el invernadero. Lo he hecho porque me ha parecido oír algo. He escuchado con atención y nada. Ha debido ser cosa de mi imaginación. -¡No creas!- insinuó Marión, el ama de llaves. Y siguió narrando, ante mi perplejidad: -Cada tarde, cuando las cosas parecen mezclarse con las sombras dejan de proyectarse porque el sol se oculta tras la montaña azul, las niñas corretean entre margaritas que deshojan. Ellas lo hacen desde tiempos pretéritos. -No se sabe si fue su existir en este sitio, o invención de los muchos visitantes que han sentido lo que tú. Marión hizo una pausa. Permanecí en silencio, esperando la continuación de su relato. La cosa se ponía interesante. Cuando mis pensamientos me llevaron a imaginarlas revoloteando como mariposas. ella siguió con voz queda: -Larmes e Iris murieron en el incendio del catorce. A inicios del siglo veinte. Eran parte del grupo de niñas y niños sacados de las ciudades en contienda. Nunca se supo qué ocasionó tal desastre, per...

Cuento de Navidad

Tienes el cuerpo entumecido y la boca seca. No puedes siquiera parpadear. Los ojos cerrados no consiguen desbloquear el cerrojo de oclusión que los adhiere haciendo de tu rostro una máscara de barro resquebrajado. Los dedos duelen. Empiezas a notarlo. Todo tu cuerpo es una caverna de dolor y quietud. Tardaste, pero al fin dormiste. Mirabas las estrellas, tiritando de frío y hambre, mientras pensabas en tu madre que de niño pasaba a tocarte los pies fríos en invierno, y te ponía una botella caliente envuelta en un retal de manta vieja. ¡Si ella te viera! Ella que aplaudió todos tus progresos. Ella que se sintió la más dichosa del mundo por tener un hijo listo que iba sacando buenas notas en el colegio y que, gracias a las becas, consiguió un título que para ella fue su triunfo. Si ella supiera que has perdido todo lo que, con tanto esfuerzo, consiguió para ti haciendo escaleras y limpiando váteres. Cuando se fue, lo hizo mirándote a los ojos con una sonrisa, agarrando tu mano y soltand...

Libélula

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Te mira en su verde luz. Entra en tus neuronas verdeciendo tus pensamientos. Cuando duermas, niña, vendrá a verte con su velo transparente. Y te llevará en su montura al verde horizonte de la Luna. Le hablaba. ¡Sí! Lo hacía. Cuando en la noche todos dormían. Xorxe esperaba a que el silencio quieto se adueñara de las estancias de la casa. En ese momento, podían sentirse los pasos del último transeúnte en la calle. Los gritos de algún pequeño grupo. Pero en la casa, todo era silencio. Los ratones arañaban sobre el sobretecho. No tenía miedo. No sabía que era eso. Salía descalzo y se acercaba al alfeizar de su ventana. Fuera invierno o verano. Lo hacía desde que los padres separaron la habitación que compartió primero con su hermana. Lo hicieron abriendo dos puertas y una ventana para la estancia que a ella le quedaba asignada. La suya seguía siendo la misma. La que se abría a un cielo estrellado en las noches de verano. La que tintineaba cuando las gotas de lluvia la envestían. La que se...